Estamos viviendo una profunda perturbación de nuestras posibilidades laborales. La fuente tradicional identificada como "empleo" está reducida y arrastra con ello nuestro sentido de seguridad, continuidad y permanencia.
Esto nos muestra hasta que punto nos convencimos de que somos quienes somos en función de lo que "hacemos", tanto que decimos "ser" empleado, secretaria, gerente, feriante, contador, médico, etc.
Como además se nos paga y premia por ello, terminamos identificándonos totalmente con nuestros roles, olvidando que son sólo funciones, quehaceres circunstanciales que podemos desempeñar gracias a que somos quienes somos antes, durante y después de hacer lo que hacemos. Y que seguimos siendo aun cuando no hagamos nada.
En momentos de desempleo y desocupación como el actual, este olvido de nosotros mismos genera junto a la preocupación genuina por sobrevivir, un sentimiento devastador de no saber quiénes somos, ni cuál es nuestro valor, ni para qué estamos en un mundo al que parece que dejamos de importarle dado que nos está "despidiendo".
Ciclos como estos se reiteran periódicamente en el mundo y aunque dolorosos, tal vez cumplen el propósito de hacernos crecer, de comprender que no somos nuestro empleo, ni nuestro cargo, ni nuestro sueldo ya que aun sin ellos, seguimos siendo.
Ciclos como estos nos revelan que el poder de quien nos contrata es vulnerable y limitado, que el mercado carece de garantías y de autoridad suficiente para decirnos quiénes somos, cuánto valemos o cuál es nuestro lugar en él...
Las falsas creencias al respecto nos generan miedo y parálisis justo cuando tenemos el derecho y el deber de estar lúcidos, concientes del poder autónomo de nuestro ser y activos, confiadamente puestos a recrear nuestro diario vivir.
Hace muchos años estando yo sin trabajo y asustada por la fuerte recesión de entonces, escuché algo que estimuló mi espíritu, produciendo un cambio sustancial en mi enfoque del asunto: "CUANDO ALGUIEN SE QUEDA SIN TRABAJO, SIGNIFICA QUE ESTÁ LISTO PARA EL PRÓXIMO"
Quien así hablaba era el Dr. Carlos Warter, médico reconocido internacionalmente por su capacidad de facilitar el descubrimiento y la expresión de nuestro valor y potencial y con quien estudio desde entonces. (www.doctorcarlos.com)
A partir de esta reflexión y las que le siguieron, comprendí que las circunstancias son las que son y varían todo el tiempo. Si aprendo a diferenciarme de ellas, si tomo el coraje de reconocer mi poder y lo uso para mi propio bien y el de todos, entonces soy capaz de protagonizar no solo cambios en mi vida sino también en la de otros, comprendiendo que LA FALTA DE EMPLEO NO SIGNIFICA NI FALTA DE TRABAJO NI FALTA DE RECURSOS.
El trabajo como posibilidad autónoma de expresión y de sustento sigue estando a nuestro alcance y solo requiere que nos activemos para que en lugar de seguir pidiendo para tener, salgamos al mundo para dar, dar nuestra fuerza creativa y productiva, compartir nuestras habilidades innatas o adquiridas y producir lo que realmente es necesario ahora.
Este es el tiempo en que cada uno de nosotros puede llegar a ser su propio jefe y manifestar su emprendedor oculto.
Tiempos de responder con dignidad, haciendo uso del único crédito inalienable y siempre disponible: el crédito interior, la fuerza del Espíritu que somos.
Con ella y con la sensata aplicación de nuestros conocimientos y habilidades "desocupadas", crearemos nuevas formas éticas de trabajo individual y comunitario.
Tal vez están pensando que no es tan así, que esto “suena bien” pero que "la realidad es otra". Por supuesto que es otra y de esto se trata. Pero entonces no le digamos "no" simplemente por no conocerla, ¿acaso no usamos la electricidad todos los días sin conocerla y sin haberla visto jamás?.
El camino DEL DESEMPLEO AL AUTOEMPLEO implica dar un voto de confianza a lo desconocido, disponerse a conocerlo y a ponerlo en práctica.
Requiere agradecer la vida, soltar viejas y cómodas creencias, usar nuestras habilidades y organizarnos interna y externamente para salir al mundo convertidos en fuerza y fuente de trabajo.
Mi propio trabajo es un intento en esta dirección
Porque como dice esta reflexión de autor anónimo:
"El mayor dolor del pobre no es no tener, sino creer que no tiene nada para dar".
Liliana Correa Santana
Psicóloga Social
Directora del Programa F.I.A, Formación Integral para el Autoempleo